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PALMERO SUBE A LA  PALMA PALMERO

PALMERO SUBE A LA PALMA PALMERO

 

 

Carlos Torres Oseguera

 

19 segundos le tomó a Mauricio Silva  Sánchez trepar una palmera,  tiene 20 años trabajando en la

cosecha de coco, un trabajo que requiere  subir al cocotero acomodarse  en su fronda y  bajar la fruta, “aquí no debe haber error, un descuido y acabas lisiado…o muerto” señala  Mauricio que trabaja en toda la franja cocotera de Guerrero, Michoacán y Colima, es un trabajo de alto riesgo, dice, es como un deporte de mucha complejidad, debería haber competencias haber quién sube una palmera y baja más cocos en menos tiempo.

 

Debe haber unos 100  trabajadores “tumbacocos”,  radican  Playa Azul de donde es Mauricio, Acalpican y El Bordonal, es un trabajo de mucho riego que tiene a más de uno en sillas de ruedas, no hay seguridad social y la paga, asevera, está muy distante del riesgo que representa.

Mauricio trepa una palmera  de unos 12 metros con una pasmosa facilidad como si caminara sobre la misma, para ello usa un par de picos que se ajusta en cada planta de su píes, lleva una reata y una cortante machete que en cada bajada de palmera  afila con amoroso cuidado, con uno corta de un tajo el racimo de  cocos que puede ser de dos o hasta 8 o 10 unidades, con el mecate atado deja caer el racimo que frena antes de tocar suelo, abajo un ayudante desata el porción y va la soga hacia arriba para casi de inmediato, mandar otras carga de cocos.

Se cobra por coco bajado o por palmera cosechada, nuestro entrevistados dice que su marca es de 1700 cocos o 78 palmeras trepadas por jornada, la paga es baja, el problema es que no hay unidad entre los cortacocos, siempre hay quien cobre menos, eso da ventaja a los comercializadores, lo que contratan para el trabajo.

 

 

Además del riesgo que implica una caída, arriba en las palapas  hay de todo, cucarachas, arañas, avispas,  alacranes, ardillas, iguanas, culebras, cuija lisa “que es muy venenosa”, hasta tlacuaches y tejones, en temporada de lluvias hay mayor riesgo de rayos.

 

Mauricio tiene 40 años, 20 de cosecha coco, trepando palmeras, las más altas en Guerrero de más de 30 metros, en los últimos 5 años la demanda de coco ha ido al alza, hay trabajo, no hay seguridad médica ante un accidente que en estos casos son de consecuencias, no hay margen al error, si lo ha

 

y “puedes acabar en sillas de ruedas en el menos peor de los  casos “

 

Silva  Sánchez estima que cortar coco  es como un deporte extremo y le gustaría que hubiese competencias,  los comercializadores  de coco debería promoverlo y premiarlos, sería un extra a esta tarea que muy pocos se atreve hacer, y que no permite margen  de error, Mauricio deja su huella en cada p

 

almera los racimos esperan al pié de cada cocotero cosechado, y su audacia es tal que llega a saltar de una cocotero a otro en las alturas: ¿es riego? ¡Clar

 

o que es riego, aquí todo es riesgo concluye.

 

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