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HISTORIAS DE HOY PARA LEERSE EN EL FUTURO

HISTORIAS DE HOY PARA LEERSE EN EL FUTURO

 

*La cuarta fragmentación de un municipio

Alguien nombró por ahí a  Aurelio Campos Campos, como el “Padre del Municipio”, el viejo presumía que fue él quien promovió que la entonces tenencia de Melchor Ocampo del municipio de Arteaga, (tan lejos de la cabecera municipal que nomás venían de Arteaga a cobrar impuestos dos veces al año) decía don Aurelio, y consiguió que se elevara a municipio la antigua tenencia, entonces decía Campos, que le dijeron en Arteaga que “pa que quieren ser municipio se van a morir de hambre”.

En medio siglo, aquella lejana región para las autoridades de  Arteaga y más distante aun para el gobierno de Michoacán que desde que les concedió la autonomía abrían de pasar dos años para que acá en la Costa se enteraran del nuevo estatus político, lo que deja claro de la lejanía,  apurándoles a forma su gobierno, su entonces alcalde , su síndico y sus 5 regidores, nunca imaginarían en lo que se convertiría su entorno transformado en una aldea de pescadores y cuidadores de vacas de la otrora hacienda de la Orilla, en un puerto internacional, industrial y una compleja ciudad.

 

Pasaron los años y de la “inexperiencia” del nuevo gobierno que hasta le robaron a Arteaga su secretario municipal para que les explicara cómo darle forma a la siempre engorrosa burocracia de un municipio, con el tiempo los aspirantes al ayuntamiento eran más y más avezados, que salían las disputas por hacerse del poder, tan así que obviamente festejaba ganador, el que perdía se encabronaba y alegaba fraude y robos y mano negra y cosas de esas para no sentirse vilmente derrotados.

Aquello era cosa de hombres, y en una de esas ¡pram! gánales una dama la supremacía del gobierno, y lo peor,  es que la fémina no ganó por su propia luminosidad, resulta que se colgó de un tranvía llamado Morena y  ¡zápale! Entró como Madero a Cd de México en la inquieta rovolución mexicana, triunfadora y sin saber ni qué.

Cuando la primera mujer acalde que llegó al municipio de Lázaro Cárdenas, en la ceremonia de instalación de poderes, presumió ser nieta del primer síndico municipal, así que experiencia, no había, como con el abuelo, pero que tal enraizamiento.

Con la nueva alcaldesa el municipio se cimbró, fuerzas atávicas de Las Guacamayas, la tenencia más grande del municipio, movilizaron a  un general de apellido Cevico y en cosa de unos 25 minutos lo que toma el recorrido  en combi del servicio urbano de la tenencia a la cabecera municipal,  la avanzada de la muy cercana y conurbada Guacamayas tomó por turno un encuentro con el mando municipal y sin hacerle manita de puerco ni contarle historias de novelas (bueno si hubo una, que los pinches priista no les hacían caso) le pidieron a la general que tomaban Guacamayas, digo, que municipalizaba la tenencia.

Y la ahora sí, primerísima dama del municipio que no estaba para guerras desgastantes y convencida de que trabajaba para el pueblo, pues se ofreció a que los de Guacamayas se hicieran municipio y hasta les dijo que mientras hacían los engorrosos tramite con el siempre desdeñoso gobierno del estado, en tanto ella no iba a desamparar el pueblo que demandaba su autonomía.

En tanto llegaba como le llegó al municipio de Melchor Ocampo la aprobación de que ya eran ayuntamiento, y como eran tiempos modernos y no habrían de pasar dos años como en la década de los cuarenta del siglo pasado, le encargaron a un ciber que estuviera al tanto del correo electrónico de la nueva república de Guacamayas, les avisara cuando mandaran la anuencia del gobierno y el Congreso estatal. Ellos, los nuevos independentistas se pusieron  marcar los límites de su nueva jurisdicción municipal y ahí hubo los pedos, digo, los peros.

Como tenían enfrenta a la isla  de La Palma en la delta del río Balsas pues se la integraron a su geografía, solo que unas fuerzas bravas de Zacatula se los impidieron alegando ser históricamente dueños del lugar. Luego quisieron hacer una línea que agarraba cacho de la siderúrgica pero los hindúes del Reino Unido,  con abogados, vigilantes y amparos ganaron la embestida pero le sugirieron a la parte contraria que podían ampliar su nuevo municipio hacia la Mira, y que hay les encargaban unas minas ya improductivas pero algo les  sacaría en futura negociación. En tanto, los del Puerto dijeron:  pa acá ni volteen, y armaron más el muro del recinto portuario y adornaron con más video cámaras y los de Guacamayas encogidos de hombros dijeron, total ni de los cardenenses ha sido  el Puerto.,

Sin embargo las fuerzas guacamamayistas no avanzaron mucho por problemas internos, resulta que  al general Cevico se le insubordinó un grupo de políticos que buscaban entonces  la jefatura de tenencia y como ya iban  a ser municipio ya se estaban organizado para la nueva alcaldía, y al general ni una regiduría,  lo  único que le ofrecieron era un busto a la entrada del pueblo  y claro con el calificativo de padre del municipio, al cual por cierto le querían cambiar de nombre, alguien sugirió, si nos desprendimos de Lázaro, porque no le ponemos municipio de Arquímedes, en memoria al único guacamayense que llegó al poder en Lázaro Cárdenas.

Mientras se hacían bolas con eso, y esperaban la aprobación del Congreso, pues el ciber cierra los domingos y eso era lo menos, casi no tenía Internet por que Telemex fallaba mucho (no será compló de la telefónica, decían) sucedía que en otros linderos allá por Habillal, la más joven tenencia del municipio de Lázaro Cárdenas, su primer jefatura compró al ayuntamiento porteño su territorio para nombrar su propio municipio, acá en Lázaro Cárdenas dijeron que si, que ta´ bien, si el pueblo así lo  decide, lo que no se supo es si pagaron o no, pero igual en el Congreso no se avisaba de la aprobación o rechazo de la demandada autonomía, en tanto en Caleta de Campos había otra asonada y como replicando la historia de lo que pasó con Arteaga y la entonces tenencia de Melchor Ocampo, dijeron que esos  de Lázaro no vienen a la tenencia de Caleta de Campos ni a  bañarse, nomás vienen cuando quieren el voto argumentaron, pues también demandaron su separación.

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